miércoles 15 de octubre de 2008
secreto de sumario
Me encanta mi trabajo, entregar cartas. Tengo compañeros que odian ser carteros, pero a mí me encanta. Recuerdo que cuando era pequeño leí "la nariz de Motriz", iba de un cartero que al oler las cartas ya sabía lo que decían. Yo soy chato de nacimiento, y además tengo sinusitis, con lo cual nunca he podido oler las cartas, ni el perfume de mi mujer, y a las mujeres les gusta que les huelas el perfume que llevan...En fin, que me encanta mi trabajo y adivinar que llevan dentro al ver las cara de los destinatarios. Es cierto que a veces es desagradecido, no siempre entregas el paquete deseado, y desagradable, la gente se pone muy borde cuando no quiere firmarte un recibí del banco... pero esos días los olvido en cuanto veo la sonrisa o la cara de incertidumbre del receptor. Hoy por ejemplo, uno de mis primeros paquetes era muy finito, un sobre, no tenía remitente, pero yo sí sabía de donde procedía; primero pensé que era una carta de amor de algún admirador o admiradora, pero cuando llegué a esa casa y vi la cara de aquel hombre, una enorme sonrisa se le dibujó en la cara, parecía que algún sueño se le había hecho realidad. Me preguntó quién lo enviaba, pero a veces mi trabajo es como el de los juzgados: secreto de sumario.
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