
Me encanta mi trabajo resulta que limpio pisos, sé que es extraño, dirán ¿qué demonios hace un hombre limpiando pisos? pues me gusta y debo hacerlo porque trabajo no me falta, además como trabajo de sol a sol, siempre me gusta tener el sol de cara. Por mi trabajo sé las historias y los echos más raros que se puedan imaginar... Bloques de vecinos enfrentados, niños con dos cabezas escondidos, joyas escondidas, casas arruinadas, camellos, en fin, que trabajo para todo tipo de gente y por eso tengo tantyas historias que podría contar... El otro día, por ejemplo, estaba yo limpiando y de pronto veo a un tipo por una ventana que está con una toalla liada a la cintura recien salido de la ducha, que se dirige a abrir la puerta de su vivenda, y quien estaba del otro lado? El cartero y de verdad no se pueden hacer una idea de la alegria que invadió a esa persona al recibir su correo, nunca había visto a nadie dar tantísimos saltos de alegria por algo aparentemente tan sencillo como una simple carta... Entonces pensé, es que a veces las cosas más pequeñas e insignificantes nos dan las alegrias más grandes... Por ejemplo yo me alegro cuando despues de una jornada de trabajo miro el trabajo realizado y todo brilla y brilla, y a cuanto más brilla más feliza estoy, soy un adicto de mi trabajo y en mi caso es al revés, cuando miro el reflejo de una mesa que limpié hace horas y me doy cuenta que hay un esquinita que no le pasé el paño me pongo supertriste, a mí, pequeñas cosas consiguen una gran infelicidad cuando hacen que otras mayores no brillen como tienen que hacerlo... Digamos y así lo reconozco soy un pesimista de la vida...
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